CRISIS Y ….CONCILIACIÓN

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Crisis y Conciliación eran dos palabras tangenciales, destinadas a permanecer en conversaciones diferentes, que, sin embargo, de forma inesperada se han encontrado en 2009. Durante los últimos años la palabra “conciliación” fue una protagonista indiscutible de la realidad laboral. No podía ser de otra manera cuando más de dos terceras partes de las familias españolas están formadas por un padre y una madre trabajadores.



Este vocablo brillaba con luz propia por primera vez para advertirnos que no podíamos seguir trabajando de la forma en que lo veníamos haciendo desde la revolución industrial. Ya no había una clara distribución entre proveedor y cuidador en estas familias. A finales del siglo XX lo normal era que la madre además de seguir asumiendo la mayor parte de la responsabilidad de la crianza se hubiera convertido también en proveedora del hogar ¿Qué ocurría entonces con los niños? Ann Critenden, una americana estudiosa de este fenómeno escribía: “las madres no han abandonado el hogar para incorporarse al mercado laboral. Las madres trabajan hoy más que nunca y su principal ocupación sigue siendo el cuidado de sus hijos”.

En esta ingente tarea sería injusto no considerar el papel de los padres que de forma paulatina se están incorporando como cuidadores, o de las abuelas ó modernas nodrizas que nos apoyan en esta función. Más allá de estas ayudas familiares contamos con guarderías de larga estancia, donde los niños pueden permanecer desde el amanecer hasta bien entrada la tarde. Pero la sociedad reclama, cada vez con más fuerza, que los trabajadores, hombres y mujeres, podamos, aunque sea de modo marginal, ocuparnos del cuidado de nuestros retoños, función esencial para el desarrollo saludable de estos niños, que serán los protagonistas sociales mañana.

Así que de forma paulatina en este principio de siglo empezó a surgir la palabra conciliación con una insólita rotundidad. Esta palabra llenó las conversaciones en nuestro país, primero de los ministerios, para ir después extendiéndose de una forma, que parecía imparable, hacia todas las empresas. Y nos hizo caer a todos en la cuenta de que podíamos abordar el trabajo de otra manera; de repente, parecía posible avanzar en la carrera profesional sin que eso significara abandonar la atención a nuestras familias, cumpliendo unos horarios justos y dando espacios a la vida personal para que ésta pudiera desarrollarse de forma paralela a nuestra profesión.

Pronto nos acostumbramos a utilizar este vocablo en nuestro léxico habitual. De hecho ya lo habíamos conseguido,… no sólo los trabajadores, sino también empresarios, directivos, políticos o medios de comunicación. Habíamos iniciado el camino para cambiar nuestro modo de estar en el trabajo hacia una manera donde tenía cabida la flexibilidad, tanto en el tiempo como en el lugar, para ejercer nuestro desempeño. Las madres trabajadoras veíamos una luz al final del túnel. Muchas creíamos que esta palabra nos hacía avanzar hacia la igualdad siguiendo las palabras de Betty Friedan: “nuestra próxima revolución está en compartir las responsabilidades en los cuidados familiares y en lograr más flexibilidad en nuestros trabajos”

…Pero entonces apareció la palabra crisis. Al principio lo hizo de forma muy tímida, pero enseguida fue creciendo en temor, en dimensiones, y en magnitud…hasta conseguir alzarse gigantesca, con el papel de protagonista absoluta en el mundo laboral actual. Cuando la crisis se hizo la estrella del teatro profesional, la conciliación se oculto entre bambalinas, temerosa de sus propias reivindicaciones, y así permanece, ausente del panorama mediático, durante este año. Apenas escuchamos su cadencia en los telediarios, no la leemos en los periódicos ni siquiera aparece en las conversaciones de los directivos de Recursos Humanos. A mi me empieza a inquietar esta ausencia, me pone nerviosa pensar que todo el esfuerzo y el tiempo que nos ha costado habituarnos a la palabra conciliación se difumine en esta crisis. Me asusta que este nuevo entorno engulla todo el espacio conseguido para empezar a ocuparnos de nuestras familias. Y creo que no debemos dejar que esta airosa palabra: conciliación, recién instalada en el panorama empresarial acabe por diluirse en la crisis y desparezca de nuestras vidas.

Ojala esto no ocurra, y estas dos palabras se encuentren y se combinen de una manera positiva para que la conciliación se haga visible y ayude a restar negatividad y sumar humanidad a la palabra crisis.

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Una respuesta a “CRISIS Y ….CONCILIACIÓN

  1. insinuas que con la crisis, las mujeres volvamos a situarnos en el primitivo puesto de amas de casa a espensas de los salarios masculinos? espero que si eso ocurre, sea por voluntad propia de la mujer que decide ocupar ese puesto, y no por que no haya más elección.

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