NETWORKING

gracias

La red de contactos, o como ahora llamamos el “networking” se refiere al cultivo de las relaciones con propósitos laborales. Se trata de relacionarse con otras personas que puedan ser relevantes en nuestra vida laboral para conseguir promociones, lograr nuevos clientes, cambiar de empleo o generar nuevos negocios. Al parecer las mujeres no cultivamos estas redes de contacto profesionales como lo hacen los hombres, y éste ha sido identificado como uno de los lastres que no nos dejan avanzar en nuestra trayectoria. Yo puedo admitir esta acusación, aunque me resulta bastante extraña, porque a las mujeres precisamente, se nos reconoce por ser especialistas en las relaciones sociales.



Las chicas llegamos al mundo con mejores aptitudes para desarrollar relaciones interpersonales. Desde una edad muy temprana las niñas tienen mayor capacidad que los niños en captar las emociones de los rostros, desarrollan antes las aptitudes verbales y ya en la guardería se las puede observar como colaboran en sus juegos, mientras que los niños disputan y pelean mucho más en sus interacciones. Mi sobrina de cinco años es un buen ejemplo de ello, le gusta organizar meriendas ficticias con sus amigas en las que reunidas entorno a un falso té servido en pequeños cachivaches parlotean sobre sus fantasías y solucionan problemas imaginarios.

Esta amistad basada en el apoyo mutuo, las confidencias y la intimidad sigue a lo largo de nuestra vida. Cuando somos madres, además, la ayuda de la familia, amigas, o vecinas resulta fundamental durante el periodo de crianza de nuestros hijos. Estas relaciones sociales cercanas son necesarias para los mamíferos en general, pero sobretodo para los humanos, porque nuestros recién nacidos necesitan un prolongado periodo de cuidado para sobrevivir. Es lo que se ha dado en llamar “cría cooperativa”. Este proceso se da también entre los pigmeos del Africa central en los que se ha observado que los bebes son cuidados por una media de 14 personas diferentes en sus primeros años de vida, la mayor parte de ellos parientes que los cargan de un lugar a otro, ayudando a sus padres en esta ardua tarea de atender a sus inmaduros chiquillos.

“Mis hijos han recibido mucho amor en sus primeros años de vida, pero no sólo de mí, también de su cuidadora, de su abuela, de sus tías e incluso de mis amigas” me dice Ana, y muchas somos las que podríamos suscribir hoy esas palabras. Este “networking” es la única manera posible para que las mujeres actuales podamos conciliar la maternidad con nuestra vida laboral.

No me explico si somos tan buenas en establecer relaciones sociales a lo largo de nuestra vida, y en especial durante la etapa de maternidad temprana ¿Por qué da la impresión de que descuidamos el “networking” laboral? ¿No será que las relaciones en el ámbito empresarial actual siguen basándose en un patrón profundamente masculino en él que nos cuesta encajar?

Quizá sean las hormonas responsables de que todavía hombres y mujeres vivamos las relaciones sociales de manera diferente, pero no hay duda de que es así. Nuestras amigas son recurso imprescindible para nuestro equilibrio emocional, personas con las que nos sentimos libres para compartir confidencias y afectos sin miedo al rechazo. Los hombres, sin embargo, manejan su camaradería de una manera mucho más instrumental y expresan su cordialidad mediante intereses compartidos o cómplices encuentros deportivos.

El ámbito laboral sigue siendo un entorno de cultura masculina, donde el “networking” se establece siguiendo los patrones existentes, así que, con frecuencia y por mucho que lo intentemos nosotras no somos capaces de amoldarnos a su manera de actuar. “Yo no voy a jugar al padel después del trabajo o a compartir golf y conversación los sábados por la mañana,…no puedo, quiero disfrutar del poco tiempo que tengo para jugar con mis hijos” declara Marta, ejecutiva de una multinacional. Ella como muchas de nosotras pierde la oportunidad de cultivar unas relaciones masculinas en un mundo diseñado para ello.

Sin embargo, el mundo empresarial está cambiando a velocidad de vértigo, y la misma Marta comparte en un foro de Internet sus contactos de otras mujeres, que como ella, están buscando su propia manera de establecer interacciones que potencien su trayectoria laboral. En ese foro recibe consejo y apoyo de otras profesionales que despuntan en las empresas actuales, desde allí organiza desayunos tempranos donde se discuten barreras y oportunidades para directivas que de forma paulatina pueden cambiar el mundo empresarial y ha encontrado en Internet el espacio adecuado para desarrollar un “networking” a su medida.

La Tecnología nos ayuda en esta camaradería laboral tan femenina que se ha instalado en el mundo virtual y que se adapta a nuestras ocupadas vidas, permitiéndonos realizar nuestros contactos en los momentos y lugares más convenientes. Estos foros están llenos de emociones, experiencias compartidas, apoyo y familiaridad, porque han sido creados por nosotras y para nosotras. Yo soy aficionada y participante en este nuevo “networking” en él que no me siento extraña. Probablemente como muchas de vosotras que estáis leyendo esto.

Ojala, el próximo paso sea conseguir un modo de relación que combine lo mejor de estos “networking” masculinos o femeninos para encontrar un lugar común. Un espacio donde nos unan, más allá de nuestras diferencias, unos intereses comunes que nos permitan atravesar el umbral de las relaciones mixtas para alcanzar la riqueza que nos proporciona la diversidad también en nuestras redes de contactos.

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