Ratas Mamás

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En la vida hay muchos laberintos en los que una decisión resulta crítica para el resultado, y las habilidades que tengamos son definitivas para gestionar nuestro destino. Las ratas de experimentación podrían escribir un tratado acerca de estas complejas encrucijadas, porque una y otra vez intentamos explorar el comportamiento humano y descubrir el secreto de nuestra conducta a través de las decisiones que ellas toman en estas engañosas rutas.



Uno de los laberintos más utilizados en estos experimentos es él que con forma de cruz se eleva cincuenta centímetros por encima del suelo real. Este cruce de caminos, en él que dos de los senderos tienen barras de protección frente al vacío y los otros no, nos permite investigar como maneja este animalillo su miedo y ansiedad. Hay algunas ratas que evitan pasar a toda costa por aquellos senderos sin protección a pesar de que sepan que allí está escondida la comida y ellas estén muertas de hambre. Otras son más valerosas y apenas dudan para lanzarse hacia las vías más peligrosas si saben que allí les espera el alimento.

Cuando se somete al experimento a una rata madre y a una rata virgen, las diferencias son notables. Mientras que las ratas vírgenes rehúyen este peligroso equilibrismo, las madres se arriesgan a caer al vacío para llegar al alimento. Esta observación nos lleva de la mano a explorar los mecanismos cerebrales que pueden dirigir esta conducta. Así hemos descubierto que las mamás tienen disminuida la actividad neuronal de la amígdala, un núcleo del mismo nombre pero diferente al que se sitúa en nuestra garganta. La amígdala cerebral se esconde en la parte profunda del cerebro, tiene la forma y tamaño de una almendra y es el área que controla el estrés y la ansiedad. Esta amígdala sedada por la maternidad es responsable de que la rata madre sea más valiente y decidida para conseguir la comida y pueda volver al hogar con ella para alimentar y cuidar a sus crías lo antes posible.

¡Qué sabia es la naturaleza al ayudar a las madres con trucos cerebrales para aumentar la supervivencia de la especie! Este experimento nos lleva a reflexionar si en nuestros laberintos cotidianos las madres humanas somos más valientes. Parece que nuestra amígdala también es sedada por la maternidad, pero ¿podemos encontrar detrás de esta disminuida actividad el patrón de una conducta más audaz?

En el entorno laboral, son muchas las ocasiones, en que a las mujeres se nos ha acusado de todo lo contrario. Se ha cuestionado nuestra prudencia y se nos ha reprochado no asumir riesgos. Hoy, sin embargo, hemos aprendido de forma dolorosa que los responsables de la crisis actual tomaron determinaciones de alto riesgo que han conducido a muchas familias a vivir unas circunstancias complicadas, aunque han dejado indemnes a esos arriesgados directivos…y yo pienso: no es difícil tomar temerarias decisiones si se cree que el desacierto lo pagaran otros.

¿Somos las madres más o menos valientes en nuestras decisiones laborales? No sé contestar a esta pregunta, así que me gustaría recibir vuestras opiniones al respecto. Pero …os diré que muchas veces no asumir un riesgo excesivo puede ser la decisión que necesite más valor y determinación en algunos ámbitos laborales.

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